Historia del Humor en España (2)

García Pavón, continúa en “España en sus humoristas”. “La clase media acapara la cursilería, el quiero y no puedo. La aristocracia, los temas más o menos equívocos de adulterios, juergas amores frívolos, o peticiones de manos, saraos, bodas, deportes y espectáculos.

Los tipos regionales aparecen, como en nuestro teatro de los siglos XVII y XVIII, movidos por los eternos resortes: el andaluz, la gracia; el gallego, la astucia; el catalán, el sentido práctico; el baturro, la simpleza; el manchego, la rusticidad etc. Ya en esta época han desaparecido el vizcaíno como bruto, el portugués como hidalgo ridículo y el italiano como pintoresco. Y han salido a las tablas, el inglés rígido el alemán militarista, el norteamericano bobo y la francesa picante.

Después de la Guerra Europea, la deshumanización del arte influye ya en el humor. Se despersonaliza, atiende antes a los fenómenos que a los tipos, y propende al absurdo, a la situación límite, a intelectualizar los temas. El humor de carcajada, de “cosquillas”, como decía Fernández Flórez, se transforma en humor de sonrisa, en humor que, requiere una pequeña preparación mental para su comprensión, porque incide antes en el cerebro que en los nervios.

Las multitudes, el ruido, las prisas, no dejan ver a los hombres. Se trabaja con esquemas mentales, con estadísticas, con menos prejuicios y mayor ocupación. Hasta 1936 en España solo se había iniciado esta nueva tendencia en los textos de Fernández Flórez, Camba, Neville, Tono, Mihura y López Rubio. Y con el lápiz, además de los mismos Tono y Mihura, la promoción que de Buen Humor salta a Gutiérrez, con Garrido, K-Hito, Galindo…”

Años antes, en 1832 aparece El pobrecito hablador, que lanza Larra, que solo dura catorce números, y  Fray Gerundio en 1837 bajo los auspicios de Modesto Lafuente, que se mantuvo hasta 1842.

 

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