Pedro Ruiz

 

He quedado con Pedro en un céntrico hotel madrileño, una tarde de principios de otoño. Al llegar doy una vuelta por el hall y el salón, ya que hace un momento por teléfono me ha confirmado y sé que por aquí, en alguna parte, me está esperando. No le veo en mi primera redada, así que pregunto en recepción. -Sí, me dice un empleado. -Hace un minuto estaba aquí mismo.

Para conocer un poco más a Pedro Ruiz Pincha Aqui

Al fin, por el pasillo le veo aparecer y dirigirse hacia mí. No nos conocemos, pero creo que soy fácilmente identificable por el material que acarreo, al contrario de los relajados clientes que charlan o leen la prensa sentados en el salón.

¿Te apetece tomar algo antes, Pepe? – ¡Claro! Me apunto a un cafetito. Dedicamos unos minutos a ese café, delicioso por cierto, y a conversar tranquilamente, hasta que decidimos ir preparando el lugar donde trabajaremos, ya que aún no sabemos dónde será posible.

Pedro, que es un habitual en el hotel desde hace muchos años, se encarga él mismo de pedir que nos dejen un espacio para ocupar con nuestros enseres.

La planta baja está llena y al no encontrar una sala adecuada, nos proponen hacerlo en el exterior, el jardín terraza de verano pegado al salón. Hacemos un breve reconocimiento y encontramos un apartado lo suficientemente fuera de miradas, perfecto para lo que necesitamos.

Allí entre plantas y mesas de jardín, al resguardo de unos grandes setos y junto a una barra de bar de verano, monto y preparo el set buscando con el fondo negro y los flashes, un ambiente e iluminación de estudio. Cuando creo que lo tengo listo, aviso a Pedro que ha ido a charlar con alguien al otro lado de la cristalera.

Es cuestión de minutos que empecemos a trabajar, tan solo una última medición con él delante, un par de disparos de prueba y listo.

Ahora sí, empezamos con la sesión a la que dedico unos primeros minutos de búsqueda. Es un hombre de facciones duras y mirada penetrante que sonríe sutilmente cada vez que habla y mira a la cámara con mucha seguridad.

Sentado a caballo en la silla, se apoya sobre los codos durante un momento. A través del visor me parece un encuadre perfecto y el gesto, el justo… ¡Click!

Pepe Castro (Fotógrafo)

 

 

 

Compartir