Soledad Mallol

 

Estoy sentado frente al ordenador, escuchando un poco de jazz y pensando en que publicar hoy. Veo entre otras, la fotografía de Soledad al tiempo que hago memoria. Debe hacer… un par de meses, creo, que le hice este retrato, pero lo recuerdo perfectamente.

Antes de decidir nada, le mando un mensajito para avisarle de que voy a publicarlo y preguntar si está conforme

-Soledad, me gustaría publicar tu retrato esta semana en mi blog. ¿Puedo?

-Yes, you can, me contesta por whatsapp.

Hemos quedado en Madrid, en el restaurante de mi amigo Cipri, para hacer esta sesión, y aprovechar al terminar, para cenar allí juntos. Normalmente suelo hacerlo al revés, pero por circunstancias no ha podido ser y desde luego no quiero renunciar a compartir una velada con esta gran artista.

He llegado con tiempo suficiente como para preparar, en un apartado, el pequeño set que utilizaré para la sesión y cuando ella llegue poder dedicar unos minutos a charlar  y explicarle brevemente como vamos a trabajar, y lo fácil que le va a resultar. Llega puntual, yo estoy casi listo pero aun me queda por montar un flash.

Mientras espera a que yo termine, le invito a que se siente en una mesita que tengo justo al lado y pida algo fresco. Termino enseguida y me siento con ella apuntándome al refrigerio. Yo una tónica, que tengo que estar fino con la cámara. Le he preparado un asiento frente a mí, en una posición un poco más alta que la silla desde donde yo voy a trabajar y una iluminación muy suave, con poco contraste. Cuando por fin decidimos ponernos manos a la obra, se sienta en el taburete y yo termino de ajustar la luz. Empiezo a disparar mientras ella con mucha soltura me dedica algunos simpáticos gestos.

No soy fotógrafo de largas sesiones. Aunque he leído que algunos de los grandes maestros de este género que más admiro dedicaban horas para conseguir lo que buscaban, yo prefiero trabajar lento no disparar mucho, y no cansar a mi modelo. Me funciona bien así y consigo buenos resultados.

Seguimos con nuestra conversación mientras disparo mi cámara de vez en cuando. Durante un momento parece que me ofrece toda su simpatía en un gesto que no puedo desperdiciar… ClicK!

Ahora sí, ahora a cenar y relajarnos.

Pepe Castro (Fotógrafo)

 

 

 

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